Se trata de un hongo parásito cuyo único objetivo es el de propagarse y dispersarse; para lo que “secuestra” los cuerpos de las hormigas carpinteras convirtiéndolas en zombis.
Los investigadores creen que el hongo inicia su ciclo de vida infectando a una hormiga mediante esporas fúngicas que se adhieren y penetran en su exoesqueleto. En un inicio, y durante el periodo de incubación, las hormigas infectadas parecen perfectamente normales y siguen con sus actividades sin ser detectadas por el resto de la colonia; lo cual resulta sumamente interesante ya que los insectos sociales, como las hormigas carpinteras, suelen tener algo llamado inmunidad social por lo que los miembros enfermos son expulsados del grupo como forma de supervivencia al evitar que las demás también enfermen.
A medida que la infección avanza, el hongo obliga a la hormiga a abandonar su nido en busca de un microclima más húmedo que favorezca su crecimiento, controlando sus músculos para obligarla a subir a la vegetación, morder una hoja y morir; alimentándose de las entrañas de su víctima hasta que está listo para la fase final.
Varios días después de que la hormiga haya muerto, el hongo hace brotar un cuerpo fructífero desde la base de la cabeza del insecto, convirtiendo el cadáver en una plataforma de lanzamiento desde la cual puede expulsar sus esporas e infectar a nuevas hormigas.
A diferencia de la cultura popular de los zombis, este hongo no invade el cerebro para tener el control de su huésped, sino que, a través de compuestos bioactivos, interfieren con el sistema nervioso de la hormiga controlando directamente sus fibras musculares.
Samantha Aguilar
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