Se
trata de un pigmento mineral, extraído de las profundidades de la tierra, y es
uno de los primeros pigmentos que la humanidad utilizó por lo que no se trata
de un simple color ya que cuenta con siglos de tradición.
Extraído
directamente de la tierra, esta materia prima se ha utilizado desde la
prehistoria para adornar las paredes de cuevas (las pinturas rupestres de
Lascaux, que datan de hace más de 17.000 años, son un testimonio de su uso)
enriquecer murales antiguos y realzar las obras de los grandes maestros.
Desde
África hasta América, y desde Europa hasta Asia, este pigmento se encontraba
dondequiera que la tierra lo ofreciera por lo que las culturas lo adoptaron no
solamente por sus cualidades estéticas, sino también por su practicidad y
simbolismo.
El
amarillo ocre es una arcilla teñida por un mineral a base de hierro (goethita);
su tonalidad varía del amarillo pálido al amarillo dorado, dependiendo de su
pureza y la proporción de los minerales que lo acompañan. Por ejemplo: si se calienta
entre 300 y 400 °C, experimenta una transformación convirtiendo la goethita en
hematita produciendo ocre rojo.
Una
de las mayores ventajas de este pigmento es que, a diferencia de muchos orgánicos
o sintéticos, no se degrada con la exposición a la luz ni a la humedad;
convirtiéndolo en un aliado indispensable para artistas de todos los tiempos.
Samantha Aguilar

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