Se
refiere a las graves epidemias de fiebre amarilla que azotaron España, entre
los siglos XVII y XIX, traídas desde América y África por el comercio marítimo,
afectando severamente la economía y la salud pública. Se calcula que murió el
10% de la población, un auténtico desastre económico y humanitario.
Durante
mucho tiempo, la fiebre amarilla ha sido una de las enfermedades más
letales y temidas. Antes de 1900, su causa y modo de transmisión eran
enigmáticos. El virus se originó en África y fue llevado a occidente durante la
trata de esclavos, fue en 1648 que se dio la primera epidemia en Yucatán. Durante
los siguientes 200 años, ocurrieron brotes en América y Europa.
Para
el siglo XIX, se reconoció que la fiebre amarilla no se contagiaba de persona
a persona, pero las teorías atribuyeron erróneamente la enfermedad a los miasmas
(emisión maligna que, según se creía, desprendían cuerpos enfermos,
materias corruptas o aguas estancadas) atmosféricos.
A
finales del siglo XIX, Estados Unidos invadió Cuba durante su guerra con
España. Por cada soldado que murió en combate, 13 murieron de fiebre amarilla.
Fue entonces cuando el médico estadounidense Walter Reed logró demostrar
que los mosquitos Aedes aegypti eran el principal medio de
transmisión de la enfermedad.
El
trabajo de Reed llevó al general William Gorgas a iniciar una
campaña en La Habana contra el mosquito, eliminando la enfermedad en 1902.
Samantha Aguilar
